Creo que aquí empieza todo, justo en este pequeño rincón de internet empieza nuestra historia. Repartidos por el mundo de norte a sur, cada uno en su isla mientras yo espero en este Madrid invernal donde resulta tan fácil perderse; este Madrid que seguro vosotros recordáis con cariño.
El otro día nevó. Cuando salí de casa había nieve en los coches y cada viandante había dejado su mensaje particular escrito en ellos. Madrid tiene estos pequeños detalles en las mañanas frías. Basta una sonrisa dibujada en el capó de un utilitario, ver a la china de la tienda de alimentación sonrojada o a la chica que reparte periódicos a la salida del metro corriendo tras su paraguas mientras la clientela se acumula o se sirve por sí misma para entender lo que quiero decir. Son pequeñas gotas de vida en la ciudad.
En cuanto a las noches he de deciros que es aquí donde más os echo en falta. Ya sabéis, yo sólo bailo si vosotros bailáis, y aún así necesito de la alineación de los planetas, un objetivo, y más de un gintonic. Estoy descubriendo nuevos paraísos y alguna que otra decepción. Tribunal ya no es lo que era y toca ampliar fronteras, pero tranquilos, os aseguro que estoy trabajando en ello, y que siempre tendremos nuestro Wurlitzer.
Por lo demás no hay nada nuevo que pueda deciros. Recordar que tenéis una ciudad a la que regresar estas Navidades, y que las cosas importantes se guardan para cuando haya cañas de por medio.
¡Me debéis mil bailes!
No hay comentarios:
Publicar un comentario